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EL ESPÍRITU LIBRE DE APALTA
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Un nuevo vino chileno conquista a los especialistas ingleses. Razones para lograrlo tiene de sobra.

Por Mariana Martínez

Tres Master of Wine y varios importadores del Reino Unido lo compararon con Clos Apalta; mientras el famoso winewriter Steven Spurrier espera nominarlo en la próxima VinExpo 2005 como "Vino descubrimiento del Nuevo Mundo".

Casi cuatro meses atrás habíamos tenido la oportunidad de degustarlo en la tienda del Mundo del Vino, cuando ya tenía nombre -Neyén de Apalta-, pero no precio (ahora a 25 libras aprox). Entonces, pudimos conocer su historia, y después comprender por qué los ingleses (durante la reciente London Wine Fair) se atrevieron a compararlo con los mejores de Chile.

Con Montes M y Clos Apalta, Neyén comparte un mismo origen: la herradura dorada del Valle de Colchagua. Y al igual que ellos, proviene de viejas parras, plantadas antes de 1890 según tiene registros Don Raúl Rojas (abajo, en la foto2), dueño de sus viñedos al menos por los últimos 30 años.

Su mezcla (70% carmenère y 30% cabernet sauvignon) tampoco es una nueva aparecida en la zona. Por el contrario, es la mezcla predilecta de este prestigioso terroir uniendo la gran estructura del cabernet con la envidiable suavidad de los taninos del carmenère. Y aunque no esté Michel Rolland ni Aurelio Montes detrás de su elaboración, Neyén sí cuenta con la mano de un reconocido asesor internacional, el chileno-francés Patrick Valette.

Jaime Roselló, actual gerente del proyecto, y yerno de Don Raúl Rojas, nos explica que las 15 mil botellas de Neyén 2003 (año de su primera cosecha) provienen de apenas seis hectáreas de parras viejas, seleccionadas de un total de 125. Su pequeña producción, nos dice, pretende crecer; ello, cuando en el 2006 esté terminada la bodega gravitacional que ya están construyendo dentro del campo, y donde podrán vinificar un total de 30 hectáreas. La único incierto, es que aún no sabemos si Neyén estará pronto disponible en Chile.

El año próximo, explica Roselló, también comenzarán a probar nuevas mezclas con la fruta de los syrah, merlot y carmenère que fueron plantados en las laderas entre los años 1999 y 2000, ya que la mezcla tiene la libertad de cambiar cada año. Según lo ha concebido Valette, dice Roselló, este vino, el único al menos por ahora de la bodega Neyén de Apalta, será como su nombre, un “espíritu” libre, sin una mezcla fija año tras año.

Neyén es un vino nuevo, es cierto, pero las uvas que le dan vida no son nuevas aparecidas en Apalta. Roselló nos habla al menos de dos importantes compradores; Santa Helena, para su nueva línea de vinos premium D.O.N. y Cuatro Estaciones, y Viña Montes.

El chileno-francés Patrick Valette(arriba, en la foto2) llegó a participar del proyecto a finales del año 2002, invitado por Roselló. Y aceptó con mucho gusto, pues como el mismo Valette nos explica le permitía trabajar y comprender una zona diferente al Maipo, donde hasta hace un año fue socio de El Principal. Y sobre todo, porque cree que Apalta es una joya de la viticultura chilena. “Me interesaron las parras viejas, de más de 100 años, y también el micro valle de Neyén dentro del valle de Apalta. De una madurez muy lenta, más tardía que el resto de Apalta”. Y por eso, nos agrega el enólogo, sus uvas tienen muy buenos taninos, un grado alcohólico y también un pH más bajos. “Todo lo que se traduce en vinos de equilibrio y en la oportunidad de hacer una mezcla con 30% de carmenère, un lujo, que según Valette pocos grandes vinos de Chile pueden darse.

¿Por qué Neyén tiene un micro clima especial dentro de un terroir ya tan especial como Apalta? Valette encuentra las razones en su ubicación, donde nacen las dos estructuras de la herradura, es decir, el sector más cercano a la Cordillera, pero a la vez, el más alejado de la ladera que protege a los viñedos de Casa Lapostolle y Montes de las frescas brisas que llegan de la costa del Pacífico. Y ese viento, que llega desde la costa, y entra por el cañón del río Tinguiririca, explica el enólogo, es dulce, nada agresivo. Luego, agrega, están la gran amplitud térmica entre el día y la noche; las viejas parras desarrolladas naturalmente en equilibrio sin necesidad de riego y la escasez de lluvias al inicio del otoño.

Esta unión de factores permiten un equilibrio natural de las bayas muy interesante, explica Valette, con una expresión a frutas rojas sin excesos, y con polifenoles y taninos en equilibrio. Es decir, la elegancia que tanto llamó la atención de los ingleses. “Y es que si no tienes buen protocolo de viticultura -explica el enólogo- esperando la madurez, la fruta desparece y pierdes su frescura. Y si tienes taninos elegantes pero sin fruta, no sirve de nada; la gran gracia de tener fruta es tener un vino muy fresco, agradable de beber junto con las comidas. Y en ese sentido creo, estamos produciendo un carmenère interesante. Es una cepa que puede dar placer, no sólo un interés intelectual o ser un gran desafío para el enólogo”.

Otro factor importante en la calidad de Neyén, para este asesor, internacional, es la elección de la madera (mezcla de cuatro bosques de Francia). “La única manera de conseguir una madera de calidad, que no tape la fruta sino que aporte el importante efecto de micro oxigenación a través de sus poros, explica Valette, son los muchos años que llevo conociendo y tratando con los toneleros, pues son ellos quienes finalmente escogen las maderas”.

Al momento de compararse con sus vecinos, Valentte se siente con una gran ventaja, y ésta es la libertad de obtener calidad sin compromisos comerciales. “Nosotros comenzamos de cero, tanteando la calidad que podíamos obtener en apenas seis hectáreas de viñedos, el objetivo ahora es conseguir un socio-distribuidor que nos permita vinificar en una segunda bodega, más grande que la de Neyén, las hectáreas restantes”.

Ya en su tercera vendimia Valette reconoce la calidad que naturalmente da Apalta (6 toneladas por hectárea para el cabernet y entre 7 y 8 para el carmenère), así como su rápida respuesta al trabajo que han estado haciendo en el viñedo. “Estamos aprendiendo cada día, poco a poco, mejoramos en el 2005 y 2004 lo que hicimos el 2003. Un gran vino, agrega, no se puede hacer perfecto el primer año. Se necesitan cinco o seis años de conocimiento del viñedo, del campo. Ahora nuestra gran ventaja, concluye, es que empezamos con buen pie”.

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