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PROYECTOS 2006 2da PARTE: NEYÉN SE TIRA AL AGUA
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Al innovador proyecto que el empresario Carlos Cardoen pondrá en marcha este mes en el Valle de Lolol, sumamos en la segunda parte de este especial los detalles inéditos de la nueva bodega súper premium que estrenará Apalta esta vendimia 2006.

Por Mariana Martínez

Patrick Valette y Jaime Roselló no pudieron aguantarse más las ganas de salir a mostrar su primer vino (el Neyén de Apalta) a inicios del año pasado, aún sabiendo que algo importante podría jugarles en contra. Y eso era que, tanto su calidad, precio ($32.000) e imagen de súper premium, les exigirían la bodega propia que aún no tenían.

Cuando lo probamos por primera vez en El Mundo del Vino a inicios del 2005, recuerdo que estos dos profesionales contaban su realidad abiertamente. Su tres primeras cosechas (2003, 2004 y 2005) habían sido vinificadas en la bodega Los Maquis dentro del valle de Colchagua. Muy cerca por lo tanto de los viñedos de Neyén en Apalta. Y su apuesta para con aquel debutante en ese momento era que su calidad hablaría por sí misma y la falta de casa propia no les cerraría las puertas. Y como ya sabemos, así fue.

“Los importadores quedaban tan entusiasmados con el vino que sólo querían venir a conocer su bodega”, me cuenta hoy el gerente general del proyecto Jaime Roselló, mientras recorremos las obras de su bodega en plena construcción. Esta curiosidad los ayudó a querer lanzarse al agua, cierto, pero primó más -me agrega Roselló- el hecho de que querían crecer (de los 10 mil litros del 2003 a 35 mil el 2006) y no lo podían hacer en Los Maquis. Pues esta bodega con todas las condiciones necesarias para hacer grandes vinos también tenía planes de seguir creciendo. Tampoco, explica Roselló, ninguna otra bodega con las condiciones imprescindibles para hacer grandes vinos, iba a asignarles más espacio que las tres cubas con que comenzaron el 2003.

Entonces, para construir algo que fuera austero y sin pretensiones, decidieron aprovechar la bodega de adobe que ya existía dentro de campo de la familia Rojas en Apalta, desde 1890. El mismo año, por cierto, que fueron plantados a su lado los viñedos más viejos de Neyén.

La idea, explica Roselló entre las faenas de remodelación, es rescatar el gran edifico que fue abandonado hace mucho tiempo. Incluso antes de que los Rojas compraran el campo de 1.300 hectáreas 30 años atrás. Para así aprovechar su altura y el grosor de sus muros de adobe; las antiguas cubas de raulí y la atmósfera que da el entretecho de su antigua sala de vinificación. En sus amplios espacios, entonces, habilitarán la gran sala (de 80 mts de ancho por 120 de largo) para la guarda de 600 barricas, alineadas en un solo nivel sobre el suelo; así como salas de venta, degustaciones, exposición de arte y una vinoteca privada.

Pero eso no es todo. En contraste a esta edificación de cálidos corredores con columnas de pino oregón, ya han levantado un minimalista rectángulo de concreto pre-armado donde se realizará toda la vinificación y elaboración de Neyén. Aquí, cuenta Roselló, cada proceso, usando tecnología de punta, se va a mantener a su vez lo más manual posible, “nada automatizado”. Lo único mecánico -deduzco- va a ser el ascensor industrial que les permitirá subir las uvas recién cosechadas a mano hasta un segundo piso; tal como ya se había hecho en la antigua bodega adjunta, para así lograr el codiciado efecto de la gravedad (evitando usar bombas y así maltratar menos las uvas y el vino).

Para lograr unidad estética, y además no destacarse dentro del hermoso paisaje natural formado por una pequeña herradura de cerros (dentro a su vez de la gran herradura de Apalta), la edificación de cemento y madera será pintada con el color orgánico del abobe. Esta obra de Jorge Swimburn y asesorías de Jorge Anastassiou, se va a integrar al paisaje además con ventanales estrechos que recorrerán el edificio de extremo a extremo.

El enólogo de Neyén, Patrick Valette (viviendo en Chile desde este año, según nos informó a mediados de enero) espera estrenar las nuevas instalaciones en abril. Cuando comenzarán por estos lares las labores de vendimia de sus cepas únicamente tintas. No será, en tanto, hasta junio del 2006 cuando su otro yo, la antigua bodega colonial, esté abierta para recibir a las visitas. La gran ventaja entonces, será que podremos llegar hasta este último rincón de Apalta por su único camino de acceso ahora completamente pavimentado.

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