Historia

En un rincón excepcional del valle de Colchagua se urde la historia de Neyen de Apalta. La herradura de cerros que ha dado notoriedad a este terruño bañado por el río Tinguiririca, el sol y los influjos de la Cordillera de la Costa, cobija a esta viña que atesora una riqueza de letras tintas.

Corría 1890 cuando incipientes parras de Carmenere y Cabernet Sauvignon estrenaban las cualidades de este micro valle, instaurándose como la viña más antigua de la zona. Por años, sus frutos abastecieron favorablemente a los productores del valle.

Fue en 2002, en el pie de monte y sus faldeos, que tomó vida el proyecto vitivinícola que llevó a Raúl Rojas y familia a disponer de las 125 hectáreas que dan forma a Neyen, luego de más de tres décadas bajo su propiedad y en momentos en que Apalta se iniciaba como origen de prestigio en la escena vitivinícola mundial.

La búsqueda de un gran y único vino nos incentivó a encontrar la mezcla que mejor representara las virtudes de este valle. Nuestro Neyen, espíritu en lengua nativa, debía reflejar los siglos de existencia y el alma de este particular terroir de Apalta. Esas mismas parras que comenzaron a hilar nuestra historia, se transformaron en el pilar de un vino de alto nivel.

Fieles a nuestro concepto nos propusimos recuperar la bodega que por décadas fue testigo del potencial de este pequeño valle, pues estábamos seguros que entre sus deterioradas paredes habitaba el espíritu de la viña.

Hasta este lugar llegan las uvas que han capturado el carácter de esas primeras parras ofreciendo intensos aromas de frutas rojas, especias y una boca redonda, persistente y expresiva; una imagen de las bondades de éste, su particular hogar.